Las creencias no son necesarias

creencias limitantes

Las creencias limitantes (la mayoría lo son) son elecciones, ideas o decisiones formadas en un tiempo pasado, que a menudo ni siquiera son nuestras, sino que son heredadas y rara vez sabemos de quién.

Las creencias en general nos impiden vivir el presente tal como es.

Creencia o presencia

Vivir desde la creencia es aparentemente más cómodo: nos permite evitar la presencia, que requiere de mantener nuestra atención constante, sintiendo este momento único…

La creencia es más cómoda, dejamos de estar presentes y «vivimos de las rentas», de lo seguro, de lo aprendido…

Sin embargo, las creencias nos condicionan muchísimo, distorsionan la realidad convirtiéndola en su pasado, en una versión limitada, reducida a creencias.

Las creencias nos condenan a experimentarnos en círculos repetitivos, viviendo siempre lo mismo, aun cuando podría haber sido en cada ocasión diferente.

Por nuestras creencias, forzamos a la realidad a convertirse para nosotros en lo mismo de siempre: ¡En lo que creemos que es!

Las creencias nos llevan a confrontar constantemente la realidad con lo que creemos que es (o lo que creemos que «debería ser»).

Nos convierten a menudo en una especie de títeres de programas anticuados instalados en el pasado en nuestra mente, creyendo ingenuamente que somos nosotros quienes creamos estos programas, y totalmente a merced de grandes manipulaciones.

Las resistencias a soltar creencias y miedos

Creemos que sabemos quiénes somos, y creemos que necesitamos nuestras creencias para poder seguir siendo quienes creemos que somos ¡Creemos que las necesitamos ya no para vivir, sino para sobrevivir! Para poder seguir siendo lo que creemos que somos…

Al cuestionarse nuestras creencias, a menudo entramos en un estado de ira, rabia o pánico; pánico a perdernos, a dejar de ser quienes creemos saber que somos, a quedarnos sin nuestras referencias, sin las creencias que definen nuestra «IDENTIDAD».

Cuando esa identidad que creemos ser, no es más que otra creencia…

¿Cómo ir más allá de las creencias limitantes?

Si manifestamos la suficiente confianza en la vida y su misterio; el suficiente amor por lo que es, tal como es, aunque no podamos reducirlo a una creencia…

Si estamos en paz con lo que en cada momento es, aunque nos supere, pero entregándonos a lo que es, solo porque eso es verdad, y hacemos esto en sustitución de poner en marcha ese apego irracional a que todo sea o tenga que ser según nuestras creencias, entonces esa verdad presente acaba con las creencias pasadas como la luz acaba con la oscuridad: por su sola presencia.

No porque la combata o la destruya, sino porque simplemente muestra su transformación.

Si probamos a vivir esa hermosa cualidad de la confianza y el amor por la verdad, por lo que en cada momento es como es, por extraño o inesperado que parezca, entonces podemos transformar el «pánico a lo desconocido» (que pensamos que nos aniquilará como identidad), en una experiencia de «amor por lo desconocido», por el gran misterio que es vivir, con todas sus luces y sus sombras…

Cuando manifestamos el suficiente valor y coraje para soltar nuestro miedo, a veces por estar ya hartos de sufrir por lo mismo, y por repetidas y repetitivas experiencias de sufrimiento a las que nos aboca todo sistema de creencias… cuando esto ya nos resulta insoportable y entonces encontramos el valor y el coraje de soltar las creencias (y con ellas sus miedos), entonces nos encontramos dispuestos y capaces para vivir en el momento presente, con todo su misterio y ausencia de manual.

Comenzamos entonces a vivir con los inmensos potenciales que se despliegan en el ser humano que vive en paz en el momento presente en lugar de sobrevivir con miedo en las creencias del pasado.

Cuando soltamos la identidad virtual que creíamos ser,
nos encontramos siendo lo que somos ahora. Aunque no sepamos entenderlo, aunque no podamos reducirlo a una creencia que nos sirva para mañana y nos procure la «seguridad»…

Podemos pasar así, naturalmente, a una forma de vivir diferente: DE LA «EXPERIENCIA DE LA SUPERVIVENCIA» (miedo, sufrimiento) AL «PROPÓSITO DE LA VIDA» (amor, felicidad).

Nuestras probadas herramientas para vivir nuestra presencia gozosa

Aprende a ir de la creencia a la presencia, naturalmente, con nuestras prácticas y actividades.

Puedes asistir a uno de nuestros eventos y retiros de fin de semana, puentes y vacaciones. Los realizamos en un lugar mágico en la naturaleza: Espacio Finca Alegría

También puedes probar nuestras actividades semanales y actividades gratuitas

Felicidad ¿Por dónde se pierde y cómo recuperarla o aumentarla?

felicidad

La felicidad es lo que somos. Somos felicidad. Somos eso.

Nada nos puede dar felicidad si hemos perdido la conexión con lo que somos, porque precisamente somos esa felicidad.

Por tanto, no es algo que obtengamos del exterior. El exterior puede de una forma muy relativa facilitar o dificultar esa conexión. Muy relativa, ya que sabemos que hay quienes se desconectan en mansiones de millones de dólares, y de quienes conectan en medio de guerras, enfermedades o en prisiones.

Por tanto, no confundimos la felicidad con el bienestar, o la comodidad.

Tampoco es algo que «TENEMOS» en el interior, o que «ESTÁ» en nuestro interior.

Me explico: Lo que se tiene, se puede dejar de tener… Lo que está, puede dejar de estar… Pero lo que es, no puede dejar de ser.

Se puede cubrir, tapar, olvidar, dormirnos a la existencia de la felicidad… Pero no se puede perder, dejar de tener, dejar de estar, ¡no se puede ir!… La felicidad es lo que somos, lo que ES.

Si estamos hablando de algo que de verdad ES, entonces ese algo no puede dejar de ser, o desaparecer… si así pudiera ocurrir, entonces eso NO ES.

Desde muy, muy antiguo, nos han llegado sabias definiciones de lo que ES: lo que no cambia o fallece, lo que no está sujeto a dejar de ser. Lo que es, de verdad.

Mi propósito es mostrarte, de forma vivencial y a través de prácticas sencillas y efectivas al alcance de todo el mundo, que la felicidad, al igual que ocurre con el amor, con la paz, con la bondad, la verdadera belleza, la verdad y la libertad, tienen algo en común: SON.

Forman parte de la naturaleza de la existencia. Siempre son lo que son, y siempre puedes vivenciarlo.

Esta naturaleza se manifiesta muy claramente en muchos niños. No han tenido que aprender a ser lo que son. No estudian filosofía, no hace falta que practiquen meditación. Simplemente son, naturalmente, existencia plena.

Sin necesidad de que lo entiendan con sus mentes, manifiestan lo que somos más allá de la mente: felicidad, amor, paz, bondad, belleza, libertad.

Por supuesto, los niños no están las 24 horas manifestando eso, y según qué niños y en qué circunstancias, también son presas de las necesidades del cuerpo (biológicas), y de características de la mente (deseos, rechazos) o necesidades emocionales (afectivas), que puedan hacer tanto ruido, que les desconecten temporalmente del estado de existencia plena.

Pero sí es fácil ver que ellos tienden naturalmente a reconectar y manifestar esa existencia plena que somos, ¿por qué? Porque ellos no tienen una idea de quiénes son que les dificulte experimentar, vivir y manifestar lo que realmente son.

A menos, claro está, de que nos encarguemos nosotros de imponerles una idea limitante desde el primer momento, de cómo son o tienen que ser…

En fin, conforme vamos haciéndonos adultos, vamos cubriendo y tapando esa experiencia de existencia plena pura, con una historia personal, y con una idea de quiénes somos.

Esa experiencia de existencia plena va perdiendo pureza y se manifiesta modificada más o menos intensamente, según sea el espesor y rigidez de las capas y filtros que se han ido acumulando sobre ella.

Podríamos decir que, entonces, esa experiencia de existencia plena se adultera.

Curiosamente, adulto viene de la misma raíz que adulterar.

Si no aprendemos a establecer y a cultivar con frecuencia una estrecha relación con la existencia plena que somos, por ejemplo aprendiendo una meditación efectiva (no-mental), y contactando con la naturaleza; si por descuido, ignorancia o abandono dejamos de sentir esa existencia plena que somos más allá de la mente, parece inevitable quedarnos atascados ahí, en la mente, olvidando lo que somos, y caer dormidos en sueños más o menos profundos.

Estos sueños nos hacen identificarnos intensamente con una idea (muy limitada) de quiénes somos (el manoseado concepto «ego» no es más que: La idea que la mente tiene acerca de quién soy yo), e identificamos además nuestras vidas y su valor con cosas aparentes, materiales, pasajeras y superficiales, como por ejemplo las cosas que tenemos o las cosas que hacemos.

Se generan automáticamente deseos y miedos, relacionados con lo que esperamos (o rechazamos) del mundo más aparente, al que sentimos necesitar para «ser felices».

Y nos llenamos de planes complejos: para perseguir aquello que deseamos, y para evitar aquello que tememos.

De esta manera, casi no encontramos tiempo más que para dejarnos toda nuestra energía y recursos en conseguir, aparentemente, ser felices.

A veces buscamos una experiencia de ser felices cuanto antes sea posible, con planes muy inmediatos: placeres, comodidades y satisfacciones y logros personales.

A menudo son muy efímeras. Y aunque no nos parecen tan efímeras cuando podemos repetirlas una y otra vez, después de un tiempo (y aunque vayan cambiando algunas cosas superfluas), ya nos parecen siempre lo mismo, y no nos hacen sentir como al principio, o solo por momentos…

Otras veces, para ser felices, también puede ocurrir que nos encontremos «sacrificándonos» (mal empleando el término sacrificarse, que en realidad significa «hacerse sagrado»), viviendo día tras día una vida que no nos gusta o no sentimos, con la ilusión de que, o bien eso nos hará felices algún día en el futuro, o esperando el momento de que algo fuera cambie y, entonces, podremos ser felices…

Y mientras nos vamos durmiendo más y más profundamente en estos procesos, nos olvidamos de:

– Que ya somos todo aquello que buscamos obtener a través de nuestros sueños (y mucho más).
– Y de que no podemos ser felices porque, en realidad, ya somos la mismísima felicidad.

Somos la felicidad soñando, olvidada de sí, y que se busca a sí misma sin saberlo, a través de sus ambiciones, deseos y sueños.

Somos la felicidad dormida, soñando con ser feliz.

Como un gran trozo de pan que, quedándose dormido y olvidándose de quién es, sueña con conseguir unas migajas… sin darse cuenta de que él mismo es mucho más que lo que busca.

Podrás pensar que es un ejemplo un poco tonto, pero me sirve para recordarte que «eres un trozo de pan», y que «no te conformes con unas migajas» 😉

Os invito, y me lo recuerdo a diario, a practicar con frecuencia aquello que nos despierta esa experiencia de existencia plena que somos, que nos permite recordar (volver a la cordura, volver al corazón) lo que somos.

Recordar, tantas veces como olvidemos, lo que somos, para así poder sentirlo más allá de la mente.

Una y otra vez, cada vez con más frecuencia y durante el mayor tiempo posible.

Despertemos a la realidad. Siempre será más inmensa que nuestros más ambiciosos sueños. Aunque aparentemente no pase nada, aunque aparentemente no hagamos nada «especial», ni seamos ”nadie importante».

A la mente dormida le cuesta creer en el valor de despertar; porque antes de despertar, lo único que parece real son los sueños…

Solo al despertar, se manifiesta como real lo que despierta.

Encuentra con nosotros prácticas efectivas y al alcance de todo el mundo para experimentar y establecer una estrecha relación con la existencia plena que somos.

Un solo retiro de fin de semana puede suponer una revolución existencial en tu vida. Si no tienes recursos accede a nuestras ayudas.

Ayudar es el sentido de nuestra existencia.

Sobre el vacío

EL VACÍO NO ES LA VIRTUAL NADA DONDE PUEDES CAER, ES EL VERDADERO TODO DONDE PUEDES VOLAR

Al perder un apoyo que consideraban importante en sus vidas, a menudo las personas sienten que ha sucedido una gran tragedia, sienten que van a caer al vacío; incluso pueden sentir que no hay nada que pueda quedar en pie sin eso, sin todo aquello que se ha derrumbado, ya no hay nada bajo sus pies que pueda sostenerles; o sin ese alguien, en quien se apoyaban. Que todo es una caída en picado hacia la nada…

La realidad se revela con el tiempo, tanto tiempo como se tarde en realizar esta verdad: mientras ese apoyo existió, no se sintió la necesidad de volar (o volar por uno mismo) hasta el punto de olvidar la existencia de las propias alas.

El vacío no es la virtual nada donde puedes caer, es el verdadero todo donde puedes volar.

A menudo, antes de darnos cuenta de esta verdad, buscamos ansiosa-mente sustitutos para eludir el vacío. Ante la pérdida de un apoyo, o ante la llamada de nuestro interior de desprendernos, buscamos sustitutos antes de dar un cambio y tomar las riendas de nuestro vuelo. Esto puede suponer que realmente no deseamos liberarnos, sino una jaula más grande.

El vacío es un gran maestro, viene a mostrar, o a demostrar, que solo en él puedo encontrar, si lo permito, si me abro, si confío, la más absoluta expresión del amor, del poder y de la libertad. En él, la confianza y el amor por la vida son los más altos bienes que tengo, tan grandes, que me quitan el miedo a perder todo lo demás.

Revisando mi creencia sobre el vacío, abrazo el vacío. 

Entonces me puedo relacionar desde el vacío con las personas, las situaciones, las cosas; y mi vida deja de estar dominada por la necesidad, la dependencia, la búsqueda de afecto, de amor y de reconocimiento; por el apego, por el miedo a caer… y mi vida comienza a estar guiada por algo mucho más grande que nada en este mundo: el vacío, el todo… donde volar.

¿Quieres probar nuestras actividades? Fines de semana y más

En el centro HOLISTICOACH realizamos prácticas que conducen a descubrir y desarrollar recursos internos útiles y efectivos para disfrutar de una vida más plena y feliz.

En Madrid y en Cartagena realizamos tanto actividades gratuitas como talleres de fin de semana muy accesibles a todas las personas, en los que compartimos poderosas herramientas para el crecimiento y desarrollo personal.

Puedes consultar la información aquí:

¿Cómo aprender a meditar?

aprender a meditar

MI OPINIÓN COMO INSTRUCTOR DE MEDITACIÓN

La meditación es una práctica que durante milenios se ha considerado que no es posible transmitir por la palabra, libros, etc. Es la transmisión personal directa lo que generalmente mejor funciona para aprender a meditar. ¿Por qué?

Comparto en gran parte esa consideración. Sobre todo al principio, cuando se quiere emprender la práctica, aprender.

En la cercanía, practicando con quienes ya practican, se comienza de una forma sencilla y espontánea a tener experiencias con la meditación, que abren gradualmente la comprensión hacia lo que la meditación es, deshaciendo muchos mitos y leyendas, prejuicios y expectativas que sobre ésta práctica puedan tener quienes no la conocen.

Es interesante reflexionar sobre esto: Sin importar la predisposición que las personas tengan, es decir, si sienten hacia ella atracción o (por el contrario) rechazo, deseo o desinterés, esto no importa al momento de comprobar que, igualmente, muchas personas elaboran ideas sobre la meditación antes de haber practicado, experimentado e investigado en profundidad. O también sucede a menudo que esas ideas se tienen porque se adquieren de otras personas que las han elaborado de esa forma poco profunda anteriormente descrita, las cuales se las han transmitido, en ocasiones con una fuerte convicción. Este es uno de los primeros y principales obstáculos, ya que no es fácil investigar o conocer en profundidad algo cuando se tiene una idea previa de ello de la que no se está dispuesto a apartarse para así poder profundizar sin la dificultad que para la percepción suponen las expectativas o los prejuicios.

Considero que el aprendizaje presencial es la forma idónea de comenzar a aprender. Como decía, cuando practicas con personas que ya obtienen abundantes frutos en sus prácticas y saben compartir estos frutos, recibes experiencias directas en el interior.

Comprendes que debe ser realmente muy difícil experimentar de otra manera «eso» (indescriptible) que has experimentado, o muy complicado aprenderlo mejor de otra forma que mediante esa transmisión directa que sucede «en el silencio», «de corazón a corazón», más allá de las palabras, los conceptos o los contenidos mentales.

Esto, por supuesto, siempre y cuando sea una realidad que quienes compartan la práctica estén capacitados para transmitirla, pues a día de hoy es relativamente frecuente encontrar a personas (generalmente muy buenas personas) que enseñan a meditar (generalmente con muy buenas intenciones), careciendo de la aptitudpreparación que les permite o capacita para ejercer esta transmisión.

¿Se puede, en definitiva, aprender a meditar «solo», «sin ayuda de nadie»? 

En mi caso no aprendí solo, sentí muy claramente que lo mejor que podía hacer era buscar ayuda y agradezco muchísimo toda la ayuda que recibí. En base por tanto a mi experiencia personal, pero también por lo que he podido observar durante los muchos años que llevo practicando, compartiendo, escuchando a muchas personas que han intentado aprender a meditar de ambas formas, mi más sincera opinión es que seguramente sí, creo que es posible, en algunos casos, aprender a meditar solo. Sin embargo creo que, salvo excepciones, aprender sin la ayuda de nadie entraña mayor dificultad, esfuerzo y a menudo conlleva demasiado tiempo y esfuerzo, lo que desespera a muchas personas, que desisten.

Hablo en todo momento de lo que ha sido para mí la meditación, que en mi experiencia está más allá de lo que la mayoría de personas entienden por atención plena o método mindfulness, que me parece que es algo un tanto diferente (en mi opinión, se puede experimentar una conexión con la meditación sin darse el mindfulness, y se puede practicar muy bien mindfulness sin llegar a meditar). El método mindfulness, tal como lo he conocido, además de parecerme algo muy útil, me resulta más «sistematizado» y más concreto, «sujeto al cuerpo y la mente», por tanto, más asequible para poder practicar en soledad o explicar con palabras a otros (aunque también creo que los resultados en soledad pueden ser más duros de obtener y más limitados también que si se practica con quienes practican meditación efectivamente. Esto es una opinión personal).

De esta forma, que ha sido siempre la más natural (aprender practicando con quienes ya practican) con el tiempo constatas que no necesitas ayuda para meditar y, con el tiempo, incluso eres tú quien puede ayudar a aprender a meditar a otras personas.

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Puedes consultar la información de los talleres/retiros aquí:

 

retiros de meditacion

 

 

Ser lo que Es

No importa a qué se aplique: al éxito, al amor, a la meditación… Es lo mismo.
 
Si ha de ser, será.
Si no ha de ser, y «hago que sea», igualmente no será, aunque haga parecer que es.
 
Esto último se reconocerá por sus frutos, tarde o temprano: No llenará en absoluto… O no durará más que el intento… O se mantendrá como un zapato que queda pequeño… A duras penas.
 
Se puede forzar la apariencia, manipular o comprar la materia y la superficie, incluido el pensamiento, la emoción e incluso el sentimiento, sí, desde luego que es posible… Pero no es posible comprar, manipular o forzar lo profundo, lo esencial, el ser.
 
Por tanto ¿Dónde poner mayor estimación y confianza de «ser lo real»? Sabiendo que lo superficial es fácilmente manipulable y corruptible, vuelco mi estimación y confianza en lo esencial.
 
Es muy importante comprender la importancia de la intuición y su desarrollo, especialmente en algunos casos en los que me muestra lo que es, en contra de toda «evidencia» y «prueba» sensorial y material, de «sólidos argumentos» construidos desde lo meramente racional, basados en el hábito o la moral, en la cultura y la sociedad, en las cosas que son «porque sí»… Incluso, en muchas ocasiones, revelándome (no rebelándome, que no es necesario, sino mostrándome quién o qué realmente soy) en contraste a todo un «inconsciente colectivo», que hace galopar sus creencias a toda velocidad, sin poder pararse a observarlas, como un animal asustado por armas de fuego, basando su existencia en ir corriendo detrás de los placeres salvajes, y delante de los dolores, en un aparente ciclo sin fin.
 
Entonces, si los sentidos y la mente (a la que están conectados), si el pensamiento superficial, las emociones y sentimientos, no sirven en último término para identificar lo que es: ¿Cómo se puede saber lo que es?
SIENDO LO QUE ES.
 
Solo entonces la apariencia: el cuerpo, la mente y los sentidos, las emociones, los sentimientos… se convierten en vehículos, en portadores de lo que es. Entonces se experimentan todas aquellas cosas desde la plenitud, entonces la vida en el mundo se convierte en un misterio donde nada se hace y donde todo sucede, incomprensible e incognoscible desde la superficie, lo que deja de tener interés e importancia cuando estamos llenos de celebración, de gratitud, de reverencia, de entrega y de felicidad desde lo más profundo del ser.

Sobre luchar por tus principios

No luches tanto por tus principios.
Luchar, «la lucha», es percibida por los demás, normalmente: o bien como una agresión, o bien como una muestra de que, quien tanto lucha, sufre de una gran insatisfacción en su vida, por lo que busca cambiar las cosas ahí fuera para tratar así de solventar esa insatisfacción.

Y esto ¿Qué genera?: en el primer caso, el de percibir la lucha como una agresión, provoca la defensa de la mayoría contra quienes se dirige esa lucha, lo que significa más lucha, conflicto, reactividad. Genera, a menudo, el efecto contrario del que se pretende.

En el segundo caso (el de que se perciba en la persona que lucha una gran insatisfacción) se genera en los demás una absoluta falta de interés por tal lucha, un distanciamiento hacia lo que diga quien la defiende, una fuerte desmotivación… Al percibir a la persona que lucha como alguien sufriente e insatisfecha, aparecen en las demás muchos cuestionamientos internos a la hora de simpatizar con ella, todo tipo de resistencias que surgen automáticamente desde el inconsciente (el guardián por defecto, que busca nuestro equilibrio psíquico), por lo que se resisten a esa lucha a la que se les está invitando y verse arrastradas a la misma amargura que observan en quien les plantea tal lucha, por muy bonitos que puedan parecer los motivos y los argumentos para ello.

Ahora bien, si hay un gran interés en transmitir ciertos principios a las demás personas, podríamos reflexionar sobre esto: quien es feliz genera a su alrededor, de forma natural, una gran atracción, una motivación espontánea de sintonizar con esa felicidad que experimenta. Las demás personas se entusiasman fácilmente por vivir sus principios, los cuales él o ella vive con plenitud, independientemente de que estos sean vistos, valorados o reconocidos por otras personas, pues lo hace por su propia satisfacción personal; es esto, precisamente, lo que a los demás les resulta muy llamativo y les inclina, sin tener que pensarlo, a mirar con buenos ojos (y, si lo ven oportuno, incorporar a sus vidas) los pensamientos, sentimientos, palabras, actitudes y actos de quien ven que es feliz, pues les parece que así es posible experimentar o intensificar su propia felicidad.

Si tus principios te amargan, difícilmente podrás compartirlos… salvo amargadas excepciones.
No luches tanto por tus principios; sé feliz en ellos.

Hazlo mal

Te ruego que lo hagas mal. Te admiro por ello.

Lo que sea: meditar, amar, danzar, sonreír, expresarte o alcanzar la felicidad. Hazlo mal, por favor, hazlo mal.
Cuando te arrastrabas ¿Sabes? Andabas mal.
Cuando gateabas, andabas muy mal.
Andabas mal cuando no pasabas de llegar a ponerte de pie.
Y cuando podías dar solo unos pasos antes de caerte, andabas realmente muy mal.
 
En todos esos momentos lo hacías «mal»; y cada uno de esos momentos son necesarios para hacerlo «bien».
 
Entusiásmate al hacerlo mal; simplemente con hacerlo, como sea.
Disfruta de hacerlo exactamente tal como lo haces; disfruta ahora.
No te cansarás, no habrá frustración, nada será un fracaso.

No me importa lo que haces ni cómo lo haces, sino cuánto disfrutas haciéndolo.

SOBRE LAS TERAPIAS, LIBROS, TÉCNICAS, MÉTODOS, CURSOS Y TALLERES DE CRECIMIENTO PERSONAL

 

No conozco mejor terapia, ni curso, ni taller, ni formación, ni carrera, ni técnica o método de sanación, que esta vida.
Nada mejor organizado, nada más perfecto, preciso y, por cierto, nada más gratuito.
En una inercia inconsciente, que busca ciegamente escapar de todo dolor, no hay varitas mágicas, técnicas infalibles, métodos fulminantes, ni salvadores que nos rescaten y nos resuelvan todos nuestros problemas, sin esfuerzo por nuestra parte.
Quizá sea la propia vida, esa misma de la que queremos escapar, la que contenga la más eficaz salida de nuestro dolor; quizá se trate de vivir conscientemente.

Si es que hay milagros, ya están aquí. No hace falta ir a un curso, ni acudir a nadie, para que sucedan los milagros.

Puede hacerse necesaria ayuda pero, por favor, reflexiona sobre esto: Por más valiosa que sea la técnica, el método, el curso o el terapeuta, son solo herramientas que sin la actitud interior propicia se pueden usar de una forma muy reducida e incluso inadecuada, y puede suponer una pérdida de tiempo, dinero y energía. Aunque en un principio puede estar bien un alivio, un parche, una tirita, pronto nos encontraremos en el mismo punto de partida.

La ayuda ¡No es para cambiar la vida! Es al contrario, es la vida la que nos cambia a nosotros, así que quizá el cambio no es ahí fuera, quizá no hay tanto que arreglar ahí. Repito, la ayuda no es para que algo o alguien me cambie la vida, sino que es para que me resulte posible cambiarme a mí, usando para poder cambiar la ayuda que alguien puede ofrecerme (a veces sin saberlo), algo o alguien que encuentro o surge que resulta ser una valiosa herramienta en nuestras manos, un instrumento que podemos emplear a nuestro servicio para cambiarnos por nuestro propio esfuerzo para lograr, en este caso, aprender a ver la vida más como es, y a vivirla conscientemente; aprender a ver que ya están sucediendo los milagros, que ya somos el milagro.

No se puede mejorar la vida desde la negación de la vida, desde la huída y el escape; es imposible esto. Sí se pueden cambiar y mejorar las mentes, sí podemos mejorar nuestra visión, sí elevar nuestra conciencia.
Entonces la vida, tan perfecta como siempre, se manifestará aparentemente diferente y, consecuentemente a ese cambio, como aparentemente mejor.
Pero siempre fue, es y será como es percibida por quien se hace consciente: perfecta, ideal, maravillosa, milagrosa… Y en cualquier caso, ES COMO ES. ¿Qué utilidad tiene negarlo si mi intención es sentirme bien en la vida?

Más allá de las apariencias que tome en cada momento, cuando aprendo a relacionarme positivamente con la vida, realizo o me doy cuenta de una realidad: para que ese aprendizaje interior sea posible, la mejor vida para llegar a ello es exactamente la vida, tal como es.

Abraza la vida, confía en la vida, ama la vida y de este modo abandona el temor a la vida.
Ese es el milagro, ese es el gran cambio, eso es amor, y trae felicidad.

Sobre la búsqueda de reconocimiento

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CUANTO MENOS BUSCO EL «ME GUSTA» AJENO, MÁS ENCUENTRO EL «ME AMO» PROPIO

 

¿Qué bebería antes?
– Un agua que observo limpia y pura, que está saliendo de un grifo feo, o poco atractivo, o despreciado por otros.
– Un agua que percibo algo sucia o tóxica, pero saliendo de un bonito grifo, o muy reconocido, en el que está «bien visto» beber.
¿Qué importancia tiene lo que me pueda parecer y les pueda parecer a los demás, basándonos en una apariencia fea (o humilde, o rara, o pobre, o «mal vista»), o bonita (o de moda, aceptada o «bien vista»)  de algo que yo sé (que siento dentro de mí o que voy aprendiendo a sentir, gracias a la vida y sus experiencias) que a pesar de su poco atractiva apariencia, en esencia es bueno, puro, bello, enriquecedor, elevador; o por el contrario, algo que sé que tras su «bonita» apariencia esconde un daño o un alejamiento de lo que realmente quieres para ti?
¿Vivo para mí? ¿Quién realmente soy? ¿Pudiera ser que vivo para la imagen de mí que cree mi mente (la cual comienzo a comprender que no soy yo) que ella (aunque tiendo a creer que soy yo) tiene que tener de mí, para dejarme que me sienta bien y en paz? ¿Para la imagen que cree mi mente (otra vez la mente) que otros tienen que tener de mí, para que me reconozcan, valoren, me quieran o me dejen ser feliz?
 
La búsqueda prioritaria de reconocimiento (de mi mente, o de otras mentes) se convierte en uno de los principales obstáculos para el desarrollo personal,  especialmente para sentir la experiencia del amor (amor propio en el interior, que se expresará en el exterior en forma de amor a los demás), y la búsqueda prioritaria del éxito, uno de los principales extravíos en el camino de la felicidad.

Relaciones y desapego

flying_fish_06Vivo en paz y renuncio a la lucha por aquello que deseo. Porque el deseo es lo que quiero, pero la paz es lo que amo y mi mayor anhelo.
Lo que luchando se consigue, luchando tendrá que mantenerse.
Una vida en paz, y sabiendo ser feliz, teniendo o no teniendo.
Que venga a mí aquello que me corresponde y aquellas personas quienes puedan ser felices a mi lado, sin forzar, sin desear otra vida, ni extrañar, ni dudar, y sin miedo.
Los peces, en el mar, y las aves, en el cielo.
¡Sí! También es cierto, que algunos peces pueden volar, y que hay aves que bucean bien adentro… Instantes compartidos, de enorme intensidad, pero volverán a su medio.
Bonito es saber compartir momentos, y decir adiós con gratitud, y deseándose lo bueno.
Habrá peces que surquen tus mares, o habrá aves que vuelen tus cielos.

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